Cuántas contradicciones y cuántas cosas maravillosas pasan hoy dentro de mi cabeza y nadie se entera. Yo mismo no sé lo que me pierdo por estar tan dentro de mí, pero lo imagino y me esfuerzo por no salir gritando y corriendo.
Somos búnkers, todos.
¿Porqué habría de quedarme yo con tal carga? No estoy solo. Ya no lo estaré.
¿Y ellos? ¿Acaso no esconden dentro de sí secretos y maldiciones, y rencores y pasiones que nunca se atreverán a mostrar?
Quién soy yo para explotarme.
Nadie. Ya no soy.
Pero no seré ceniza.
Ni me gustan los disfraces.