16/07/2010

Ah, ¿qué decir?
Mis ojos se cierran.
No de sueño ni cansancio.
Se cierran de ilusión, de pasión, de pensamiento.

En fin, siempre es difícil comenzar, pero ya que lo has hecho te descubres seis o siete líneas más abajo. Así con todo.
Me descubro después de año y medio, después de veinte años, después de dos mil diez años, después del big bang.

Es lo bueno de la filosofía. Recorrer todo el universo, todos los tiempos en dos o tres pestañeos y sin salir de casa, más aún, de ti mismo.

Que bueno es cerrar los ojos, que libertad tan grande nos han regalado.

Pienso en Atenas, pienso en el crepúsculo vespertino. Pienso en Alaska, con frío. Las focas.

¿Qué hubiera pasado si...?

Es lo bueno de la historia. Pienso en México y la verdad es que no sé quién perdió. Vaya triunfos.

Abro los ojos, miro a la ventana. Está sucia y no refleja nada. Me asomo y veo las luces a lo lejos. ¿Qué estarán haciendo allá? Brinco por la ventana y después de muchos bigs bangs mi cuerpo abraza suelo. Las luces están un poco más lejos. Pero al fin y al cabo todo es relativo, ¿no? Veinte líneas o treinta pisos abajo. Da igual. Lo importante es sentir el viento despeinando tus cabellos, irritando tus ojos.

Ah, que bueno es caer tanto, abrir los ojos y no ver más que sábanas.
Mis ojos se cierran. De todo lo que he dicho, y de sueño.