"El perdón es la única alegría del débil. Usted y yo somos débiles. No podemos hacer otra cosa que perdonar. Los fuertes ponen su pie, al pasar, sobre nuestros corazones y siguen sin mirar; pero corremos detrás para decirles con los ojos llenos de lágrimas y una sonrisa en la boca: `no ha sido nada, no lleve usted clavado en su conciencia el dolor de habernos dañado´. Ellos se encogen de hombros y siguen su camino. Pero en nosotros se ha atenuado la humillación y nos parece que hemos sido fuertes también. Sin embargo, no es por ellos, Germana. Es que si no pudiésemos perdonar, moriríamos de pena y de vergüenza de ser tan humildes" Wenceslao Fernández Florez, El malvado Carabel.
El verbo “haber”
Hace 1 día