Templo? Sepulcro? Cárcel? Tormento? Una oportunidad?
¿Y yo qué puedo decir de la vida, si sigo en ella?
Déjenme terminar, comérmela, como dicen, dejénme acabarla, y después de reflexionarla un tiempo, podré quizá decirles de qué se trata, qué se siente, cómo nos fue, qué se disfruta y qué se sufre.
Ahora sigo revolviéndome, luchando por que más o menos la viva dignamente, sin morir en el intento. Puedo hablarles de los días, de las noches, de mis encuentros con los dioses, pero ¿la vida?, qué misterio. ¿Qué es eso? ¿Dónde estamos? ¿Qué es eso que pasa por las noches, cuando cierro los ojos? ¿Por qué se siente lo que siento al despertar, al pensar? Cómo creer que me entienden.
¿Qué será lo mejor? ¿Quién podría contestarlo? Somos (y no somos) una totalidad que no logramos abarcar, porque no podemos.
Yo, por ejemplo, escribo de noche. ¿Quién podría explicarlo? Al menos yo no. Sólo sé que de noche me separo de lo que parece ser la vida.
Ya llevo algunos años más acá. Qué miedo. Mi instante deviene sin notarlo. Mi presente se mantiene constante, pero ¿de qué me sirve?, ni siquiera me doy cuenta.
Qué sufrimiento. Qué placer. Qué misterio.
El verbo “haber”
Hace 1 día