26/11/2010

Cambios

Nuestra condición de ser vivo nos exige cambio, devenir, transformación. El ser no puede serlo inamovible, constante. La tragedia humana, ya lo han dicho, es querer siempre llegar a ser y no poder nunca serlo. Entonces, como tregua, atormentados por el agitado oleaje, decidimos de vez en cuando ser nosotros mismos quienes decidan qué cambiar.

Digo tregua porque los problemas psicológicos, ontólogicos, existenciales del ser humano se deben casi siempre a que casi nunca podemos controlar los cambios que acontecen. Y cuánto lo deseamos.

Decidir (y poder) cambiar algo en nuestra vida satisface un poco la necesidad de controlar las cosas, y no por el acto de cambiar en sí mismo, sino por hacer nosotros mismos, y por un ínfimo momento, el trabajo del destino. En este sentido, nuestra condición de ser vivo nos otorga tregua.