07/01/2011

Hace tiempo, cuando vi una de esas famosas fotos donde se ven a los obreros que hace muchos años construían el world trade center, y justo al lado de la foto había otros obreros construyendo un edificio por acá, sólo pude pensar una cosa.



Si ya había aprendido (quizá debería decir "entendido", "dado cuenta", "descubierto, "sentido" en lugar de "aprendido", y es que esto no se puede aprender, sino que se entiende de repente, uno se da cuenta de que pasa, se descubre, se experimenta y se siente) que yo (tú) como sujeto me construyo siempre, cada día, y que al mismo tiempo no terminaré nunca de hacerlo, que nunca llegaré a ser por completo, si ya lo había aprendido descubrí al ver la imagen que nunca acabaremos de construir nuestras ciudades, nuestras sociedades. En 1600, en el 200, en 1850, en 1900, en 2007, en 3849 estaremos (o estuvimos, da igual) construyendo algo que nunca acabaremos.



Mis tatarabuelos construyeron casas que todavía no están terminadas por completo. Nunca llegaremos al punto en el que podamos decir: "Bien, terminamos. Descansemos y por fin vivamos a gusto".

Recuerdo que hace unos años, cuando construían un puente muy cerca de mi casa, la gente se quejaba por el tráfico y el polvo, y las autoridades consolaban prometiendo más comodidad de transportarse por aquí en el futuro, porque no tardarían más de 9 meses en construirlo, porque después de 9 meses de tráfico y de polvo por fin los autos atravesarían veloces y sin problemas las calles estorbosas. No es necesario decir de qué se queja esa gente y esos autos hoy en día porque es pleonasmo.

No pasaron 9 meses antes de que se necesitaran más puentes y más caminos y más edificios y más casas y más entradas y salidas y hospitales y escuelas y estacionamientos y etcéteras. Han pasado años, y empiezan otras rutas que tardarán más tiempo en construirse que en volverse obsoletas e ineficientes. Necesitamos más y más, y trabajamos cada vez más duro y estamos cada vez más cerca de no necesitar nada más. Y sin embargo seguimos exigiendo. Parecemos caldo hirviente en una olla gigante y frágil, construyendo y destruyendo, revolviéndonos.
Quizá lo mejor sea aprovechar lo que ya tenemos y acostumbrarnos. A lo mejor eso siga siendo construcción. Quién sabe.

Lo único seguro es que nunca terminaremos, ¿de qué? quién sabe, pero tenemos que trabajar todavía más duro, porque para el 2050 ya debe haber suficientes megaciudades para albergar al 70 por ciento de la población mundial...

Dejo acá un video muy interesante sobre nuestro prometedor futuro, con más ciudades, con más de todo.